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jueves, 24 de enero de 2013

Made in Chile #13: "weon"

Me atrevería a decir que se trata del coloquialismo más usado entre los chilenos, una palabra que aparece prácticamente en casa frase (de una a quinientas veces) y tiene un buen número de connotaciones, positivas y negativas según cómo se use. Esa palabra no es otra que "weon" (forma utilizada en lenguaje cibernético), que deriva de "huevón" y que llega a acortase hasta "wn" si se tiene pereza.

Uno no se siente realmente en Chile hasta que se ve rodeado por esta palabra allá donde vaya. Aunque tiende a ser utilizada entre la gente más joven, también la población adulta la ocupa con cierta frecuencia. Según va pasando el tiempo, el extranjero se va habituando a escuchar esta expresión y sus derivados en diferentes contextos que podrían ser traducidos al castellano ibérico de la siguiente forma:

- ¡Oye, weon! --> ¡Oye, tío!
- Weon aweonado --> tipo que no se entera de nada.
- Andar weon --> ser borde
- Hacerse el weon --> hacerse el sueco/loco

Y el colmo del uso de la palabra "weon": 

- Puta el weon weon, weon... --> Joder con el tipo empanado este, tío (o algo así).

Como puede verse, la mayoría de las veces se hace referencia a una persona de forma coloquial, lo que vendría a equivaler al típico "tío o tía" español, que tantas veces tiende a repetirse. De esta forma, el primer paso es familiarizarse con el término, cosa que lleva muy poco tiempo si se participa en conversaciones. Ya después de convivir con chilenos durante varios meses, uno incluso puede sorprenderse a sí mismo utilizando el "weon", o "huevón", término aceptado por la RAE. Además, aparte de su cantado acento, es una buena forma de identificar chilenos y chilenas en el extranjero. 




viernes, 11 de enero de 2013

Made in Chile #12: terremotos

La corteza terrestre es una especie de puzzle compuesto por piezas móviles que nunca terminan de encajar. A cada una de estas piezas se la conoce como placa, y los límites entre ellas pueden ser de tres tipos diferentes: de expansión (asociado a placas divergentes que se separan), de transformación (cuando las placas se deslizan una delante de la otra) y de convergencia (cuando una placa subduce a la otra) (Strahler y Strahler, 1989).

Chile se encuentra situado, precisamente, de forma paralela al límite convergente entre las placas de Nazca y Sudamérica. Es la placa de Nazca la que subduce a la sudamericana, de tal forma que se crea una de las fosas oceánicas más importantes del planeta, la fosa de Perú-Chile. Pero el tener un eje de subducción tan cercano a la tierra trae consigo una importante consecuencia: los terremotos. 

Los terremotos de mayor magnitud que se registran a lo largo del planeta están asociados en su mayoría a zonas de subducción como la chilena, y es justamente en Chile donde se han registrado algunos de los mayores movimientos sísmicos desde que se tiene registro de ellos. El mayor de todos, de 9.5 grados en la escala de Richter y precedido por un tsunami, ocurrió en Valdivia en 1960. Sin ir más lejos, el 27 de febrero de 2010 se produjo un terremoto de 8.8 grados con posterior tsunami que sacudió toda la zona central del país. 

Por el hecho de encontrarse junto a este eje de subducción, Chile registra decenas de temblores a diario, muchos de los cuales superan los 4 grados en la escala de Richter. Los movimientos sísmicos son tan comunes que se hace distinción entre temblor (hasta 7 grados) y terremoto (a partir de los 7 grados). Sin embargo, los terremotos (que son los que más alertan a la población debido a su virulencia) tienen una frecuencia mucho menor que los temblores, que tienden a ser breves. Los chilenos viven algo temerosos cada vez que el suelo tiembla, sobre todo teniendo en cuenta que el anterior episodio sísmico fuerte es aún reciente. Pero si algo quedó claro tras este terremoto fue que, dejando a un lado la fuerza arrasadora del tsunami, se trata, en general, de un país preparado para soportar temblores. Y para un futuro geógrafo como yo con ganas de nutrirse todo lo posible sobre sismología y de sentir algo de emoción (siempre que no sea demasiado fuerte), se trata de un lugar casi único en el planeta.


Fuente de la imagen: CNN México

Videos sobre el sismo 8.8 del 2010:

http://www.youtube.com/watch?v=ttYJ1DuD_Vs
http://www.youtube.com/watch?v=dPOHQdnHK7U

jueves, 29 de noviembre de 2012

Made in Chile #11: perros sin nombre

Son dueños de la ciudad. Por eso me llamaron la atención. A nadie en Chile le parece raro encontrárselos en cualquier esquina de la ciudad, pero como aún no soy chileno del todo, nunca dejan de sorprenderme. Me refiero, por supuesto, a los perros que merodean simpáticamente por Santiago. Perros sin nombre ni dueño, claro, porque eso es lo que llama la atención, también conocidos como "perros callejeros" o "perros vagos".

Lo de merodear es un decir, porque más de la mitad de los perros que uno puede encontrarse por las calles de la ciudad opta por ocupar una porción de suelo para echarse una larga y placentera siesta, sin importarle lo más mínimo si obstaculiza el paso de peatones en un paso de cebra o a la salida de un edificio de oficinas. Cuando despiertan, algunos optan por pasear a sus anchas por las calles, solitarios o acompañados, y otras veces optan por acompañarte unos metros antes de cansarse y darse media vuelta. Eso sí, mostrar afecto hacia uno de ellos puede suponer que no puedas quitártelo nunca de encima.

Son tan simpáticos que, en el caso de los perros que merodean por el campus de San Joaquín de la Pontificia Universidad Católica de Chile, algunos deciden entrar a las clases, pasearse por entre las mesas en mitad de un examen o tumbarse frente a la tarima del profesor, bostezar, dormitar y empezar a roncar. Son uno más, forman parte del movimiento y bullicio de la ciudad o de la tranquilidad de los pueblos más pequeños. Así que ya saben, si sienten ganas de empezar a bautizar con nombres ingeniosos, pueden probar con ellos. Basta con salir a la calle y caminar unas pocas cuadras. Les estarán esperando. 






jueves, 8 de noviembre de 2012

El último puerto

Los ladridos volvieron a actuar como cantar de gallo. Un tímido rayo de sol se filtraba entre las cortinas, que se mecían al compás de una suave y tibia brisa matutina. El olor a pan recién horneado invadió la habitación como cada mañana, sugerente, goloso, atrevido. Incluso las conversaciones de la panadería conseguían colarse entre ladridos y risotadas de niño, que si cómo está usted señora Carmen, que si supo que la hermana de la Francisca había sido invitada a un matrimonio en Santiago, que si el calor era espantoso y todo se llenaba de moscas. Ya no tenía sentido intentar reconciliar el sueño.

En los seis meses que llevaba allí, nunca había estado tan limpio el departamento. La proximidad de la fecha había provocado en ella un nerviosismo al que se le sumó una obsesión por hacer que la llegada de su prometido fuese perfecta. Había ordenado mil veces las cuatro prendas del armario, cambiado las sábanas, pintado los marcos de las ventanas y llenado la despensa con todo lo que el bolsillo le pudo permitir. La mesa llevaba puesta tres días. La fruta amenazaba ya con podrirse.

Como si de un estreno teatral se tratara, había llegado el momento de poner en práctica todo lo ensayado. Dedicó la mañana a cocinar como para un regimiento, aun sabiendo que apenas probarían bocado. Horneó una apetitosa tarta de manzanas que hizo saltar comentarios elogiosos entre las vecinas entretenidas con las tareas del hogar en los edificios contiguos. Vestida de blanco, con faldas al viento y apretados tirantes, se presentó puntual en la peluquería. En aquel nido de cotorras no dio rienda suelta a su historieta, por mucho que medio barrio esperase saber a qué venía esa vestimenta un día jueves, esas ansias por ser la más bella de las muñecas de porcelana, porque nada sabían de aquella mujer que en los seis meses que llevaba en la vecindad ya había levantado rumores y pasiones.

Salió del establecimiento robando suspiros y sonrisas. Caminó cuesta abajo, dejando atrás el colorido desorden del cerro Concepción, hasta llegar a orillas del mar junto al puerto. En su mano derecha llevaba dos de sus mayores tesoros: la última carta escrita por él, fechada tres meses antes, el 12 de junio de 1938, y una fotografía del día de su boda en una parroquia de Jerez de la Frontera. El barco apareció en el horizonte, se deslizó por las frías aguas costeras y atracó frente a ella. Para aquel entonces, una enorme multitud se había aglomerado en el puerto para recibir a todos aquellos viajeros en búsqueda desesperada de una patria que los adoptara, quién sabe si temporalmente o por siempre.

Cientos de pasajeros descendieron del buque con cara de querer besar la tierra. Muchos se echaron a llorar, mirando al sol que ya se zambullía en el océano con una mezcla de nostalgia y decisión. Al igual que todo lo realizado durante aquel día, también había planeado el momento de la llegada. Se había imaginado a sí misma abrazada al amor de su vida, encarando al futuro más incierto que nunca se imaginaron. El desfile de recién llegados llegó a su fin sin que alguien se lanzase a sus brazos. El sol se hundió tiñendo el cielo de un rojo etéreo. Un hombre alto y delgado fue el último en descender del barco. Su capa ondeaba con la misma suavidad que el largo trozo de papel que colgaba de su mano. Se detuvo junto a ella, leyó su pensamiento en la superficie cristalina de sus lágrimas y extendiendo el papel, le señaló uno de los muchos nombres mecanografiados. La carta y la fotografía cayeron al suelo del muelle y no tardaron en ser arrastradas por una brisa que las empujó al mar, donde se fueron hundiendo y diluyendo como el alma recién partida de la mujer. 


sábado, 20 de octubre de 2012

Made in Chile #10: valle del Elqui

Escapando de la configuración orográfica que caracteriza a la gran mayoría del territorio chileno (con la Cordillera de la Costa, la Depresión Intermedia y la Cordillera de los Andes formando tres estructuras paralelas), el Norte Chico está compuesto por una serie de valles transversales que circulan desde el interior hacia la costa. Uno de estos valles, cuyo comienzo se encuentra en las cercanías de La Serena, es el famoso valle del Elqui. 

La mejor manera de conocer el valle es con coche, pero si no es posible, se puede acceder al Elqui en autobuses que salen desde el terminal de La Serena por un módico precio de $2000 (3 euros) hasta Vicuña (a poco más de una hora) y $1500 (2,25 euros) más a Pisco Elqui al final del valle (a una hora más desde Vicuña). El viaje comienza atravesando las plantaciones de papaya a las afueras de la ciudad, y a medida que el camino asciende, el valle se va cerrando paulatinamente. Son tres los colores que predominan en el paisaje: el verde intenso de las viñas para producción de pisco al fondo del valle, el amarillo seco de los cerros cubiertos de cactus y el azul intenso de un cielo casi siempre despejado. Esta última característica fue vital para la instalación de varios observatorios astronómicos, los cuáles se pueden visitar por la noche para poder disfrutar del espectáculo estelar.

Como se dijo, el recorrido tiene dos paradas de principal interés. Una de ellas es Vicuña, población donde nació Gabriela Mistral, una de las poetisas y diplomáticas latinoamericanas más importantes del siglo XX, y Premio Nobel de Literatura en 1945. Además de su Plaza de Armas, la iglesia y varios mercados artesanales, Vicuña ofrece la posibilidad de visitar un museo enteramente dedicado a la poetisa. Por otro lado, está el pequeño pueblo de Pisco Elqui, al final del valle. Formado por poco más que una placita, una iglesia y unas pocas casas, se ha convertido en un lugar turístico por las pisqueras y la tranquilidad y misticidad que caracterizan al valle. De hecho, es conocido por ser uno de los lugares preferidos por varias comunidades esotéricas.

Imperdible, por lo tanto, para todos los que algún día decidáis acercaros al Norte Chico de Chile.


Iglesia en la Plaza de Armas de Vicuña


Calles de Vicuña


Iglesia de Pisco Elqui

viernes, 19 de octubre de 2012

Made in Chile #9: La Serena

La Serena, segunda ciudad más antigua de Chile, se sitúa en la costa de la IV Región de Coquimbo, de la cuál es capital, a algo más de 400 kilómetros al noroeste de la capital Santiago. Posee algunas de las características climáticas y biogeográficas del Norte Chico, es decir, un clima semi-desértico costero con una precipitación que apenas supera los 100 mm anuales y temperaturas medias suaves, con paisajes áridos caracterizados por la presencia de cactus y suculentas.

Pese a haber crecido mucho durante los últimos años, habiendo llegado a crear una conurbación con la contigua ciudad de Coquimbo, La Serena mantiene un atractivo y reformado casco histórico que, junto con el área del paseo marítimo, es su principal reclamo turístico. El casco antiguo cuenta, al igual que las ciudades latinoamericanas fundadas en la época colonial, con un plano de damero conocido por sus manzanas cuadradas o rectangulares, donde se sitúa la Plaza Mayor o Plaza de Armas. La ciudad vieja conserva monumentos de la época como palacetes e iglesias, además de alguna otra edificación de estilo colonial. Se trata de un área con mucha vida (excepto los domingos, cuando es difícil encontrar algo abierto), gracias a la actividad generada por todos los comercios y restaurantes situados en las calles centrales, además del conocido mercado de La Recova, donde es posible encontrar infinidad de artículos relacionados con una de las principales actividades económicas de la región: el cultivo de papaya. 

Otro de sus mayores atractivos es el Faro Monumental de La Serena, situado junto a una de las extensas y peligrosas playas en pleno Océano Pacífico, en plena Avenida del Mar. Se trata de uno de los símbolos de la ciudad y fue construido en 1952. Aunque se encuentra un poco apartado del casco histórico, es agradable pasear hasta aquí para poder disfrutar de la vista del océano y la bahía de Coquimbo. Además, es recomendable visitar el Jardín Japonés, un pequeño parque que puede visitarse pagando un módico precio de $1000 (1,5 euros) para observar una tipología de jardín bastante desconocida en occidente. 

Por lo tanto, La Serena ofrece, en muy poco espacio, una serie interesante de cosas para visitar. Sin embargo, un fin de semana es más que suficiente para verlo todo con calma, ya que se trata de una ciudad pequeña que conserva por suerte un cierto aire pueblerino ciertamente agradable. 


Plaza de Armas de La Serena


Faro Monumental de La Serena


Jardín japonés

Fuente de las imágenes: elaboración propia

domingo, 30 de septiembre de 2012

Made in Chile #8: Fiestas Patrias


            Septiembre es un mes importante para Chile. Si el día 11 se trata de un día que muchos prefieren no recordar, tal y como se vio en la anterior entrega, la semana siguiente entera es motivo de fiesta y celebración en este país, pues se celebran las denominadas Fiestas Patrias. Se trata de todo un evento social y comercial a la altura de la propia Navidad, ya que en los días anteriores es muy fácil escuchar decir “feliz dieciocho” en cualquier parte.

            Las Fiestas Patrias se centran en dos días, el 18 y 19 de septiembre, pero es el primero de ellos el que lleva el peso histórico y cultural. El 18 de septiembre de 1810 se celebró la primera Junta Nacional de Gobierno, en un proceso de formación del Estado de Chile. Sin embargo, no hay que confundir esta fecha con la del 12 de febrero de 1818, fecha en la que se proclamó oficialmente la independencia. El día 19 se celebra el día de las Glorias del Ejército, cuando se efectúa el desfile militar. Por tanto, pese a que en un principio (las Fiestas Patrias se vienen celebrando desde 1811) las festividades se alargaban durante semanas, se establecieron dos días festivos para las conmemoraciones.

            Además de decorar todo con miles de banderitas nacionales (en la ventana, en el balcón, en los espejos del coche, en las calles), los chilenos aprovechan estas festividades para acercarse, aunque sea por unos días, al folklore nacional. Son muy comunes las fondas, unos centros de entretenimiento instalados por lo general en parques municipales donde se baila (cueca, sobre todo), se come (empanadas, brochetas de carne, mote con huesillos…), se canta, se compra artesanía, se ve el rodeo y se disfruta del alegre y bullicioso ambiente. Y si no van a una fonda, los chilenos se decantan por un rico asadito en la parrilla de casa, en compañía de la familia y de unas cuantas rondas de pisco o lo que se cruce por el camino.

            Aunque sea un sentimiento patriótico algo efímero, es una fiesta popular y muy animada que puede aprovecharse para aprender más sobre los orígenes de este país y sobre unas costumbres que, al igual que en la mayoría de países desarrollados, quedan relegadas al mundo rural, e incluso esto ha empezado a perderse. Por esa razón, encuentro divertido disfrutar de estos dos días en compañía de familiares y amigos, siempre dispuesto a engullir toneladas de comida y de hacerla bajar con cuanta bebida sea capaz de soportar el cuerpo. Incluso los profesores de la universidad te preguntarán eso de “¿tomaron ustedes mucho?”, asumiendo que son días de puro escape y diversión. 


Haciendo volar volantines (Parque Intercomunal)


Rodeo (Parque Intercomunal)


Exhibición de cueca, baile nacional de Chile (Parque Intercomunal)

Fuente de las imágenes: elaboración propia